lunes, 2 de agosto de 2010

Una mañana nos regalaron un conejo de indias.
Llego a la casa enjaulado.. Al mediodía, le abrí la puerta de la jaula.
Volví al anochecer y lo encontré tal como lo había dejado:
jaula adentro, pegado a los garrotes..
Temblando del susto de la libertad

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